El Espíritu de las Montañas
En lo más alto de las montañas de Tlanipatla, Guerrero, donde la neblina abraza la tierra al amanecer y el viento susurra historias antiguas, nace Montelumbre. No es solo un mezcal, es el legado de generaciones, el fuego que arde en la tradición y el alma de quienes trabajan la tierra con pasión y respeto.


Después de días de cocción, el agave se deja enfriar para luego ser triturado a mano, con la misma dedicación con la que se han elaborado los mezcales desde tiempos ancestrales. La fermentación ocurre en tinas de madera, donde la naturaleza hace su obra, transformando el dulce néctar en un destilado lleno de carácter y pureza. Finalmente, el fuego y el cobre se combinan en la destilación, dando vida a un mezcal que respira la esencia de su origen.